
Un violento ataque perpetrado por un grupo de más de 50 hombres armados en el pueblo de Binnari, en el estado de Taraba, al este de Nigeria, ha dejado un saldo preliminar de al menos 40 personas muertas, incluyendo niños y mujeres. Los hechos ocurrieron el pasado viernes y han sido atribuidos por líderes comunitarios y la organización Amnistía Internacional (AI) a pastores de la etnia Fulani.
Según relató Musa Abdullah, un líder comunitario local, los atacantes irrumpieron en la aldea desde dos direcciones poco después de la oración del viernes, abriendo fuego indiscriminadamente contra los habitantes. «Los fulanis atacaron la aldea desde dos direcciones poco después de la oración del viernes. Disparaban contra todo aquel que se cruzaba en su camino», declaró Abdullah a la agencia EFE.
Hasta el momento, se han recuperado 42 cadáveres, y la búsqueda de desaparecidos continúa, informó el líder comunitario. Las víctimas heridas están recibiendo atención médica. Los atacantes, además de las muertes, saquearon comercios y prendieron fuego a viviendas, dejando a la comunidad en ruinas y forzando a muchos residentes a huir de sus hogares.
Otro residente, Aminu Yohanna, coincidió con el balance de fallecidos, cifrando en 40 las víctimas, y describió escenas de horror. «Hay cadáveres por todas partes. A muchos los capturaron antes de matarlos a tiros, mientras a otros los abatieron cuando intentaban escapar», señaló Yohanna, quien lamentó no conocer el motivo del ataque. Los atacantes habrían llegado desde el estado de Plateau.
La oficina nigeriana de Amnistía Internacional (AI) confirmó los hechos este sábado, añadiendo que los agresores incendiaron alimentos, hogares, negocios y motocicletas. «La comunidad se encuentra ahora sembrada de cadáveres, algunos de ellos calcinados hasta quedar irreconocibles, mientras las familias denuncian que muchos siguen desaparecidos», indicó la ONG a través de su cuenta en la red social X.
AI también criticó la falta de protección de las autoridades nigerianas hacia las comunidades rurales, permitiendo «atrocidades de manera reiterada con total impunidad». La organización exigió una investigación imparcial del ataque y reparación para los supervivientes.
La policía de Taraba confirmó el asalto, aunque inicialmente reportó solo 10 muertos y aseguró haber desplegado efectivos en la zona, sin especificar los presuntos autores. La región de Taraba y estados aledaños son escenario de recurrentes conflictos por recursos naturales, tensiones étnicas y religiosas entre pastores Fulani, mayoritariamente musulmanes, y agricultores, así como de incursiones de bandas criminales conocidas como «bandidos».
