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Protestas en Francia e Italia: la derecha apunta a la inmigración en medio de descontento social

Francia e Italia enfrentan un fin de semana de intensas protestas, algunas de las cuales han escalado a desórdenes, quema de edificios y enfrentamientos con la policía. Estos eventos se desarrollan en un contexto de creciente tensión social y política en ambos países.

En Francia, las protestas estudiantiles, que comenzaron hace un mes por falta de recursos, se han ampliado para incluir el aumento del costo de vida y otras demandas. El presidente Emmanuel Macron se reunió el viernes 23 de octubre con representantes de organizaciones de estudiantes de bachillerato, y se esperan medidas gubernamentales concretas para el lunes 26 de octubre. El gobierno ha autorizado manifestaciones organizadas por sindicatos, con una marcha prevista en París del Palacio de la Bastilla a la Plaza de la Nación.

Mientras tanto, Italia ha sido escenario de diversas movilizaciones. El fin de semana previo al 24 de octubre, protestas en Milán registraron desórdenes y saqueos, resultando en más de 300 arrestos, de los cuales un 80% eran menores de edad. La policía milanesa señaló que los participantes eran mayoritariamente jóvenes, italianos de segunda generación y extranjeros, muchos de ellos menores. Ante esta situación, la Primera Ministra Giorgia Meloni anunció un paquete de medidas de seguridad que incluye el endurecimiento de penas, prisión preventiva para menores y la creación de un nuevo delito de ‘participación violenta en una manifestación’. Además, se desplegaron 500 efectivos militares adicionales en Milán.

Paralelamente, protestas de transportistas en el sur de Italia contra el aumento del precio del diésel han causado bloqueos y desabasto de bienes esenciales, afectando la cadena alimentaria y el suministro a centros urbanos como Nápoles, con riesgo de extenderse.

En el debate político, figuras de la derecha y ultraderecha europea e internacional han utilizado las protestas para reforzar sus discursos anti-inmigración. Expresidentes como Donald Trump y legisladores como JD Vance han declarado que la migración y los problemas de asimilación son las causas de la violencia en Europa. El canciller austriaco Christian Stocker responsabilizó a la «migración de los últimos años» por la introducción de «actitudes y conflictos que no son los nuestros». El Primer Ministro húngaro, Peter Magyar, reafirmó la postura de su país de «defender el enfoque más estricto posible en materia migratoria», mientras que Donald Tusk de Polonia enfatizó la «frontera contra la migración irregular» y la firmeza en seguridad. La representante de Vox en España, Isabel Pérez Moñino, advirtió sobre la «invasión» y abogó por la «remigración masiva».

Sin embargo, no todas las visiones apuntan a la inmigración como única causa. El ministro de Justicia francés, Gerald Darmanin, ha rechazado culpar exclusivamente a los extranjeros, señalando que entre los arrestados «hay de todo». El ministro de Defensa italiano, Guido Crosetto, y el Primer Ministro de Albania, Edi Rama, han sugerido que los desórdenes son resultado de una «guerra híbrida» de potencias como Rusia o China, utilizando las redes sociales para generar tensiones. En contraste, Ruben Razzante, profesor de Derecho a la Información en la Universidad Católica de Milán, considera que el malestar y descontento social son los verdaderos motores de estas protestas, y que no hay pruebas concluyentes de influencia rusa o china en las redes sociales para incidir en las políticas de la UE.

El diario británico Financial Times ha reportado que autoridades de la Unión Europea analizan campañas extranjeras de desinformación e interferencia en redes sociales, atribuidas a cuentas filorusas, de extrema derecha, y vinculadas con Irán y Argelia, que habrían difundido contenido falso para exacerbar las tensiones.

Este reporte se basa en información publicada por Diario Cambio 22.

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